Mientras en otros puntos del país se apostaba por la solemnidad, el silencio o el éxodo hacia playas y balnearios, en sectores como Villa Francisca, Mejoramiento Social, 27 de Febrero, Villa María, Villa Consuelo y Villa Juana, el Viernes Santo ha sido un retrato vivo de la cultura barrial dominicana.
Había música a bajo volumen, vecinos compartían cervezas frías en las aceras, mesas de dominó, niños jugaban vitilla y baloncesto en la calle.
Las piscinas improvisadas terminaron generando tensiones con las autoridades.




