Declaración pública íntegra de Mario José Redondo Llenas tras salir de prisión

Hoy, al cumplir una condena de 30 años, me presento ante ustedes con tres ideas esenciales: arrepentimiento, respeto y vocación de servicio.

Lo primero que quiero expresar es mi arrepentimiento profundo.

No es algo nuevo en mí, frente a Dios, cada día, pido perdón. Así lo he hecho durante todos estos años.

Esta es la única herramienta que me ha permitido llevar la carga de conciencia, por los hechos que cometí.

Hoy, nuevamente pido perdón a mi familia, víctimas directas de mis hechos y a la sociedad afectada por mi comportamiento.

Quiero dejar claro mi respeto absoluto.

Respeto por el dolor que he causado, respeto por quienes han sufrido las consecuencias de mis actos, respeto por las instituciones y por la sociedad que legítimamente exigió justicia.

Hoy afirmo mi vocación de servicio.

Me coloco frente a todos, con la esperanza de que el tiempo vivido, lo aprendido, lo pensado, lo reflexionado y lo practicado en los centros penitenciarios donde he estado recluido, no haya sido en vano.

Lo que hoy siento no se representa con palabras, el carácter infinito del agradecimiento por lo que este proceso ha construido en mí y cómo lo siento, será evidenciado con mi conducta, que a partir de ahora intentare que sea la manifestación concreta del compromiso de ayudar a reparar el daño causado, apoyando a los privados de libertad en sus procesos de re-educación.

Durante estas tres décadas, mi vida ha estado marcada por el esfuerzo constante de transformación:

  • Participé en procesos educativos desde la alfabetización hasta el nivel universitario;
  • Serví como estudiante, como facilitador y como guía de mis compañeros;
  • Trabajé en proyectos agrícolas, donde encontré sentido en el trabajo productivo;
  • Fui testigo de la evolución del sistema penitenciario y del impacto de la educación dentro de él;
  • Completé estudios en derecho y formación técnica agropecuaria.

Nada de esto borra el daño causado. No lo pretende, pero sí evidencia que el tiempo puede ser utilizado para construir, para reflexionar y para cambiar.

Hoy salgo convencido de que no tendré una forma de reparar completamente lo ocurrido, esa es mi deuda moral permanente.

Aun con esa carga, elijo vivir desde el servicio y la responsabilidad.

Luego, cuando el tiempo y las circunstancias lo permitan, me pondré a disposición de los espacios académicos, profesionales e institucionales que consideren que mi historia, la historia completa, puede aportar herramientas para construir mecanismos que ayuden a mejorar el sistema y con ello a la sociedad.